Por Fernando Monsalve, Presidente Club Social y Deportivo Colo- Colo 2014-2018, y Natalia Silva, Directora Ejecutiva Fundación Fútbol y Sociedad.
Columna publicada en El Mostrador, sábado 16 de febrero de 2019.

A casi un año del segundo gobierno de Sebastián Piñera, se anuncia como si nada la postulación de Chile al Mundial del 2030. Sin embargo, el pasado 2018 el fútbol nacional sufrió comentados incidentes: la balacera registradas a las afueras del Centro Deportivo Azul (CDA); el lanzamiento de bengalas a la cancha del Estadio Monumental que puso en riesgo la integridad de los jugadores; el fracaso del empadronamiento exigido por la Intendenta Rubilar a los hinchas de Colo- Colo, son sólo algunos ejemplos que el gobierno olvida mencionar. Porque para qué vamos a hablar de fútbol, el escenario es peor.

Este finde semana se inicia el torneo nacional de primera división y seguimos lejos de tener una política pública que aborde: el fracaso de las sociedades anónimas como falsa promesa de profesionalización del fútbol; la insuficiente infraestructura deportiva para convocar más de 45.000 personas- que no asisten además-; y los incidentes y hechos de violencia en los estadios. Es claro que para el gobierno de Sebastián Piñera el fútbol no es cuestión de pasión o recreación, es simplemente un negocio que podría traducirse en el mayor proyecto de inversión económica en la historia de nuestro país.

Pero ¿qué experiencia de estadio vivirán los hinchas que nos visiten? Malos tratos, controles y revisiones excesivas, una seguridad privada arcaica que contrata adultos mayores por horas en condiciones precarias. Sin contar además, de exponerse a agresiones sexuales a las afueras del Estadio Nacional, o sufrir agresiones por la orientación sexual de los y las hinchas. En este escenario, las medidas que anuncia el ejecutivo para resolver los problemas reales del fútbol profesional son un saludo a la bandera y están lejos de pensar el deporte y su desarrollo como un bien público. Tampoco pueden garantizar lo más importante: la seguridad deportiva en los estadios.

Han abundado las soluciones burdas como la aplicación del derecho de admisión a más de 90 hinchas a cargo de la animación de un partido, la reducción de aforos en los sectores más económicos, deduciéndose que el problema es la pobreza. Con estas medidas, las autoridades contribuyen al alza en los precios de las entradas, tal como lo sucedido con Wanderers, permitiendo la estigmatización fácil de las y los hinchas.

Finalmente, las sanciones que se aplican a las concesionarias Blanco y Negro S.A, Azul Azul S.A, parecen ni siquiera preocupar. Durante los años 2014 y 2018 Blanco y Negro S.A llegó a acumular cuantiosas cifras en multas que no modificaron su actuar, privilegiando el lucro antes que la seguridad de las y los colocolinos. En Blanco y Negro S.A su sistema de control de cámaras “se cae” cada vez que se registra un incidente. Lamentablemente, no sólo estamos frente al fracaso de una política pública insuficiente de seguridad, sino que también presenciamos el fracaso de las Sociedades Anónimas Deportivas en materia de seguridad.

El Club Social y Deportivo Colo- Colo trabaja día a día para recuperar el fútbol de las dirigencias empresariales amparadas por la ley y la ANFP. Durante el 2018 se aprobó en la Cámara de Diputados el proyecto de ley que modifica la ley 20.019 que este año debe conocer el Senado; cuyo espíritu pone al centro la participación de los y las hinchas en la gestión de los clubes. Es la hora de los/as socios/as, hinchas y clubes, de recuperar protagonismo en nuestro deporte de multitudes.

 

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