Por Fundación Fútbol y Sociedad.

Luego de los hechos acontecidos el pasado sábado en las inmediaciones del estadio Monumental de Nuñez de River Plate, la Conmebol determinó que la final de la Copa Libertadores de América no se jugará en territorio argentino, por no presentar condiciones y garantías de seguridad. Por lo tanto, decidió, en una especie de subasta, realizar y recibir ofertas para llevar a cabo esta final, que por cierto siempre se jugó en suelo americano.

Miami, Qatar y España surgieron como firmes candidatos a quedarse con el partido. Finalmente, Conmebol decidió realizar la final en el estadio Santiago Bernabéu, del Real Madrid, en España. Sí, la final del torneo de clubes más importante en Sudamérica se jugará en Europa. Esta es la cara más descarnada e insensible del fútbol-negocio. Misma cara que La Liga española muestra con sus intenciones de jugar el Girona vs. Barcelona -ambos clubes catalanes- en la ciudad de Miami.

Hoy, no se manchó la pelota, nos la arrebataron, que es peor. Nos han despojado, quizás, de lo único genuino que le va quedando a nuestro vilipendeado fútbol sudamericano: la histórica, la mítica, “La Copa”, como se suele llamar al trofeo más importante a nivel de clubes en esta parte del mundo. Esta vez, nuestra tradicional Copa Libertadores de América, que incluso ha sabido sobrevivir y conservar su identidad ante la vorágine del mercado y su imposición de marcas (Santander, Bridgestone, Toyota, entre otras), sucumbió más que nunca al fútbol-negocio.

Eduardo Galeano, en su inspiradora obra “Las venas abiertas de América Latina”, señala: “Cuanto más codiciado por el mercado mundial, mayor es la desgracia que un producto trae consigo al pueblo latinoamericano que, con su sacrificio, lo crea”. Al fútbol-negocio, cuyo epicentro es el primer mundo europeo, no le basta con arrebatarnos el privilegio de disfrutar a las jóvenes promesas del fútbol sudamericano, porque desde los 12 años, cual mercancía, son “transferidos” a los principales clubes de europa. Una de las tantas expresiones del neocolonialismo contemporáneo.

No le basta con eso, ahora nos han despojado de la competición deportiva más genuina, representantiva y mítica disputada en nuestro terruño. Y todo esto, amparado por el mejor aliado del fútbol-negocio mundial: LAS SOCIEDADES ANÓNIMAS DEPORTIVAS PROFESIONALES. Todas ellas, empeñadas en hacer del fútbol una lucrativa actividad económica transnacional y desterritorializada, en desmedro de las identidades locales, de la memoria y del arraigo propio de los clubes sociales y deportivos.

Galeano también señala que el subdesarrollo de América Latina proviene del desarrollo ajeno del capitalismo mundial y que nuestra región continúa alimentándolo, sumado a que la división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder: ¿No es esta la realidad actual del fútbol latinoamericano?, ¿no somos, acaso, productores de materia prima que alimenta el desarrollo del fútbol europeo?. Los últimos cuatro mundiales de fútbol han sido ganados por naciones europeas y los triunfos de clubes latinoamericanos por sobre europeos son tan escasos que adquieren carácter de mito.

Finalmente, de nuestro mayor patrimonio futbolístico que es la Copa Libertadores de América, disfrutarán europeos (que ya tienen la grandiosa Champions League), chinos, emitaríes adinerados y todos aquellos ciudadanos transnacionales consumidores de este fútbol-negocio, quienes con tecnológicas cámaras y teléfonos celulares inmortalizarán un partido histórico, una consagración inolvidable y un fracaso doloroso. Sin embargo, no sentirán en la piel ni en las entrañas este partido, porque no fueron, no son y nunca serán hinchas de River Plate ni de Boca Juniors. Por otro lado, los socios e hinchas de ambos clubes, aquellos que durante décadas han entregado su amor al club, aquellos que con esfuerzo compraron una entrada, lamentablemente serán privados de vivir esta histórica final, que sólo podrán ver por televisión.

Si Eduardo Galeano (intelectual fanático del balompié) estuviera vivo, quizás agregaría a “Las venas abiertas de América Latina” este descarnado, aberrante e insensible capítulo donde nuestra América, nuestro fútbol sudamericano, es nuevamente la región de las venas abiertas.

 

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